Powered By Blogger

domingo, 11 de octubre de 2009

Premio preventivo.

Es el triunfo de la retórica: arte de adular oídos y no decir absolutamente nada substancial, es decir, real, palpable.

Es el arte -celosamente guardado por el cristianismo- de la locuacidad transmutada en humo, en fuego de artificio.

Es, finalmente, la caverna de Platón sin posibilidad de salvación rompiendo el encadenamiento y doliéndose por la luz de la realidad que nos hace libres.

EEUU es ejemplar al haber conseguido, en el corto período de unos 50 años, hacer ascender por la estructura social de dicho país a los ciudadanos "afroamericanos" de la pura segregación y esclavitud a que uno de ellos pase a ser Presidente.

Pero no hay científico en sus cabales que diga que se piensa con la melanina en vez de con el cerebro. Tampoco es de celebrar que en dicho país se ascienda verbigracia a lobbys. Lobbys imprescindibles para la concesión del premio que lleva el nombre del inventor de la pólvora, no mojada, precisamente: el Premio Nobel.

Es el de la Paz, una vergüenza desde hace años.

"He venido aquí con una rama de olivo y la pistola de quien lucha por la libertad. No permitan que la rama de olivo caiga de mi mano": son las amables palabras de otro pacifista premiado: Yasser Arafat en otra institución burocratizada y bastante venida a menos, la ONU.

Pero Obama, hoy, más de cien días después de llegado al poder, no ha demostrado nada. Buenas intenciones, no más: nada, pues.

Es: un premio preventivo.

domingo, 27 de septiembre de 2009

El "desafío" de los salvapatrias.


Un comunicado a gritos. Nada más. Nada nuevo. Otra vez los gritos. Los gritos que los autores de tal papelucho provocan en víctimas: directas, familiares de las anteriores, la de miles de chavales a quienes corrompen el cerebro y a sus familias…


Pero me gusta su “desafío”: no contemplo la Filosofía como sedentarismo intelectual. No, hay que tomar partido aun sabiendo que no se tiene la razón en todo.


Emplean, pues, la palabra “desafío” en forma de preguntas que yo recojo y respondo de manera inusualmente breve en mí:


¿estarían dispuestos a respetar un proceso en el que los territorios vascos decidan sobre su futuro político?: territorios que bien pudieran acaparar la bureba castellana, la Rioja, etcétera. La diferencia entre Historia e historicismo la da Nietzsche al hablar de cómo los nacionalistas amantes del historicismo de su época, de tanto mirar hacia atrás se convertían en cangrejos: siempre pensando hacia atrás.


¿estarían dispuestos a respetar la decisión de la mayoría de la ciudadanía vasca en caso de que se decantara por la independencia, y a dar los pasos necesarios?: dependiendo de qué ciudadanía hablan estos augures. Y respondo a la gallega: ¿saben algo del concepto “ciudadanía” y del pensamiento contractual? ¿Y si saliera la decisión contraria, la aceptarían Vds.?


¿Están dispuestos a preguntar a los habitantes de los territorios que están bajo su dominio, sin límites y de modo abierto, sobre su futuro político?: sin los límites que, quieran o no, existen entre dos comunidades diferenciadas (y una tercera en el caso de “Iparralde”), supongo.


Teniendo en cuenta el tortuoso camino a través de la Constitución aprobada por un sujeto político del cual forman parte, quieran o no, tal vez debieran plantearse hacer tantas preguntas al viento.


Lo demás: siento que los escépticos casi siempre tengamos razón. Escribí en este mismo blog mis certezas de que en 2005/2006 la tregua, paro indefinido o como quieran pervertir el lenguaje y los conceptos, que aquello, en fin, no era creíble. El maximalismo les ciega y los hace predecibles.


Pregunto: ¿estarían Vds. dispuestos a aceptar una consulta en que se preguntara por la continuidad de su terrorismo? (los zapatistas lo hicieron, si les sirve de ejemplo).


Pero no caben ilusiones de quien hace tan burdas preguntas viciadísimas y a modo de chantaje que movería a risa si no tuvieran funestas consecuencias.


Es la retórica de los salvapatrias.


Nada más.

Filosófico otoño.


Pudiera parecer un pleonasmo el título de hoy: para mí lo es. Mañana, al límite del día, comienza el otoño. Pero el otoño no entiende de fechas y veo clarear las hojas ya a un amarillo que anhela el color ocre que tanto me recuerda cualquier ciclo vital. Verde, amarillo, ocre y al caer, ennegrecida y crujiente, la hoja es ya cómoda alfombra. No poco masoquismo habita en mí todos los años: la de aquél que ama la nostalgia y la melancolía de un otoño lejos del estrés urbanita. Y me zambullo en las hojas de mis libros como en una montaña, como las que elaborábamos cuando críos con hojas de árboles caídas como materia prima en el patio del colegio o en plena calle: auténtico refugio acolchado. El mismo refugio busco en las hojas de Schopenhauer, ese bendito sabio viejo escéptico: a mí también me ha guiado y me guía desear tan poco y conocer tanto como a él…y hete aquí el inicio de mi otoñal melancolía. Me hallo muy por encima de politicastros ociosos discutiendo quién nos roba más, quién nos miente peor (ya sólo pido de un “servidor público” que me mienta bien, pues ni a ello llegan) y de aduladores con aviesas intenciones. Lejos también de fanáticos del terruño y “la sangre propia” que Nietzsche, en uno de sus demoledores aforismos, tan bien criticara: “El que odia o desprecia la sangre extraña no es aún un individuo, sino una especie de protoplasma humano” (“Aforismos”, Friedrich Wilhelm Nietzsche). Y es que el amor exagerado por la sangre, el territorio (siempre ficticio en sus fronteras políticas, repito, políticas), a las propias costumbres y al propio folclore, conllevan como consecuencia directa de tamaña causa: la xenofobia, el racismo. Pero me aparto de todo ello y pienso cómo volverá a estar el monte en unos días. Cómo tal vez me convenga perderme un poco en él, a pesar de dolencias musculares con que este otoño maldito, al que tanto amo, me castiga. Amor maldito. No hay otro. Y pienso en mil lugares cercanos, ya multicolores y oliendo a setas.


Es la vida en sí: los sentidos que sólo fanáticos religiosos repudian. La vida son los sentidos y en la mía, cobran mayor importancia si cabe. Y el sentido de la lectura, de la razón, se apodera de mí aconsejándome fielmente y arropándome como una montaña de hojas caídas de mil árboles: “(…) uno debe sobreponerse a la tendencia natural a la sociabilidad y esforzarse en dosificar cuidadosamente la confianza…” (“El arte de conocerse a sí mismo”. Arthur Schopenhauer).


Es uno de los mejores consejos que he recibido y siempre conlleva en sí, a mi parecer, el otoño donde guarecerse dosificando la confianza cuidándome de mediocres y pelmas que husmean alrededor. Sólo así se puede llegar a la máxima de Shakespeare y de la cual se hace eco Schopenhauer: “Ante todo, sé fiel a ti mismo, y te seguirá, como sigue la noche al día, Que no podrás ser falso con nadie” (“Hamlet”, Shakespeare). Sólo así, pues, protegido por interminables árboles que dejan caer elegantemente sus hojas sobre uno en un bosque o en el cálido escondite de mi biblioteca dejando pasar las hojas entre las manos, llega uno a tan gratas como subjetivas conclusiones. Seguir siendo fiel a uno mismo en este ya otoñal jardín lleno de hojas de árboles y de libros: ello me hace no engañar a nadie y sólo congeniar sinceramente con quien más se lo merece, haya acuerdos o no.


Es, me temo, el inicio de otro filosófico otoño para mí.


Espero lo sea también para Vds.

viernes, 11 de septiembre de 2009

Oráculo Egeo.



El Egeo con mal despertar puede ser de lo más traicionero. Y aquel lejano día así estaba: en lontananza pareciendo tranquilo para, en barco, transformarse en mareante, inestable y picado suelo. Y allí estábamos, justo a las mismas horas en que Manhattan sufría un teocrático ataque que a todos, los más, nos hizo cambiar a mejor en cuanto a interés analítico del bicho humano.
Atrás dejamos el estúpido sentimiento –no racional por tanto- antiamericano. Nadie lo hace todo bien, menos en los Estados Unidos. Pero el antiamericanismo, como bien vio el Jean-François Revel más liberal y ateo que nunca, es cosa de imbéciles. Vestigio patético de la nostalgia de “otra cosa” que nunca funcionó: ni a la soviética, ni a la rumana, ni a la yugoslava, ni a la albanesa. El comunismo no funcionó. El socialismo real resultó de lo más irreal y cruel.
Pero era el Egeo el que nos hacía ver, ora el mar, ora el cielo heleno en un terrible vaivén camino de Naxos desde Atenas, como pronosticando la noticia agitadamente. Los isleños se pegaban como más de medio mundo, al televisor. Mi compañera pensó que eran carreras de coches o de motos que a los griegos les apasionan. Pero desde el principio dije, más que todo por las anonadadas caras de los helenos de Naxos, “aquí pasa algo gordo”. El hecho de que algún isleño avispado nos identificara como “vascos” (cualquiera empieza con sutilezas navarras, vascas, españolas y demás con un marino que hablaba en la misma frase griego, inglés, francés e italiano), hizo que soltara la burrada de turno: lo del World Trade Center le parecía al preboste demasiado, y no como allá "que os cargáis uno o dos en cada atentado", venía a decir con su lenguaje de traductor borracho de la ONU.
¿Para qué sacarle del malentendido?: corrimos a un cibercafé. Las gigantescas pantallas iban apareciendo por todas las terrazas típicas de la isla. Hace nueve años y todavía hay quien no se entera de nada. Los ateos civilizados sí lo sabemos.
No todos los fieles seguidores son así, pero sí una importantísima mayoría por no querer hacer, desde el siglo VII (que se lo pregunten al pobre Averroes y a tantos otros), una lectura revisionista e ilustrada. No, no es buen tiempo para “infieles” (cualquier confesión que no sea la musulmana) y no creyentes (como quien suscribe), y el aviso queda claro para sus propios fieles: “No son iguales, entre los creyentes, los no combatientes (…)” (“Sobre la guerra santa”; Azora IV de El Corán).

martes, 1 de septiembre de 2009

1 de septiembre de 1939


Un pretexto valió para el tirano que nunca tuvo tantas facilidades gracias a la política de “appeasement”. Eternas negociaciones con quien no quería negociar. Las eternas conversaciones para quien sólo pensaba en ellas como en un teatrillo. Para quien únicamente quería salir en la foto haciendo pose. Debiera hacernos cavilar en los tiempos que corren. El humano siempre en conflicto con el humano, rompe a hablar con quien realmente no quiere. Sólo nuestra innata tendencia a la idealización nos lleva a ver lo que no es.


Las dictaduras de todos los pelajes, siguen hoy haciendo burla. Y hay quien se tapa los ojos, los oídos, todo menos la boquita. El querer hablar con quien hace mofa de ello: la condición humana. La estupidez humana.


1 de septiembre de 1939: un pretexto. En aquel abismal caso: unos soldados polacos atacan una estación alemana. Y la “Gran Alemania” (Germania) pensada ya por los idealistas y románticos decimonónicos, iba a hacerse realidad. Pero la realidad nunca es de quien la idealiza y los “soldados polacos” no eran sino prisioneros alemanes de los campos de concentración disfrazados con uniformes polacos, cuyos cadáveres fueron abandonados en la estación de radio “atacada”. Los idealistas tienen flaca memoria, ya nadie recordaba el pacto germano-soviético: reparto de Polonia. De ahí, de un acuerdo entre dictaduras enormemente parecidas, al abismo de la II Guerra Mundial.


No es un día grato para quienes únicamente hacemos bandera del pensamiento anti-totalitario. Pero agitamos igualmente dicho estandarte, acusando de dictadores donde otros ojos cándidos ven risueños caribeños cargados de petróleo, donde chilabas y petrodólares conviven “en paz” o fanáticos con ganas de reunirse con las “uríes” son respetados por “su cultura”.


1 de septiembre de 1939, 70 años ya. Y algunos jugando a hablar con cerebros repletos de cemento armado. Muy armado.


viernes, 28 de agosto de 2009

La muerte de un Kennedy



Teddy Kennedy ha muerto y todos debemos llorar. Tanto quienes conocieron la era dorada del clan fundado por Joseph, un mafioso defensor del “apaisement” con Hitler, como quienes no habíamos nacido todavía (yo lo hice el año, si como Chesterton dice en su autobiografía, creo lo que me dijeron aunque no tenga una prueba fehaciente y empírica, el mismo año en que murió Jim Morrison). Ha muerto un Kennedy, lloremos. Ha muerto el último “mito” y yo, que ya nací iconoclasta, me río. Tantos años con la película de Oliver Stone a cuestas –con decenas de fallos, por cierto-, con artículos, con libros leídos como “JFK, el último testigo” de William Reymond o “Conspiración” de David Talbot y con webs, para que uno acabe sospechando no ya de las conspiraciones – la política es pura conspiración que cuando no encuentra lo que persigue, recurre a lo que sustituye: la guerra, encubierta o no- sino de los hagiógrafos de pacotilla que en vez de centrarse en el tema, nos hablan de personajes irreales.
JFK no era ese santo varón que siempre venden, era un puterillo de tres al cuarto. Inteligente, sí. Humano, aunque no lo digan. Pero disoluto: ¿cómo en “Trece días”, película basada, por cierto, en el libro de su hermanísimo Bobby Kennedy también asesinado, aparece como un amante de la familia ante un posible “holocausto nuclear”? A JFK le preparó los discursos la CIA, sí, la mayor sospechosa de su muerte. ¿También pudo ser el servicio secreto cubano, el G-2? Y digo yo ¿qué demonios importa? ¡Ese era el ajedrez político de los 60!: sucio, como siempre. Bobby Kennedy que compartiera amante con su hermano John, una tal Marilyn Monroe, no dijo nada cuando ésta se suicidara después de que él le diera unas calabazas de órdago. Manipulada por los dos hermanos, la muchacha creó otro mito: los hombres no la comprendían. También hay teorías de conspiraciones a su alrededor. Queda claro pues, que los dos asesinados supuestamente defendían valores progresistas –incluyendo valores familiares que aquí algunos dirían “conservadores”- teniendo a dos esposas que podían hacer una lucha de ciervos en plena berrea. Pero muerto el primero del clan, quedaba el segundo. Bobby dejó un rastro de tramas ocultas como el de su asesino (compañero hoy de celda del “simpático” Charles Manson). Su asesino, Sirhan, podía haber sido objeto de una “manipulación mental” por parte de la CIA a través del proyecto MK Ultra. La recaraba. Oigan, ¿es que nadie sabe/sabía que los servicios secretos son el papel higiénico que todos los políticos utilizan, incluyendo asesinatos de contrarios? ¿Ahora se va a caer alguien de ese guindo? Pero es mucho más facilito decir que JFK y Bobby Kennedy eran buenísimos (al lado de Nixon tampoco es de extrañar que haya tanto incauto). Pero la gran paradoja de la relación entre el político y los supuestos “hacedores” de tramas que acaban con él, se ve claramente en JFK como dije: la CIA le aúpa al poder para después ser puesta en ridículo por el ¿pacifista? que intentara asesinar más veces que ningún otro presidente estadounidense a otro impresentable: Fidel Castro. La chapuza de la Bahía de Cochinos picó, y mucho, a la CIA. Pero ya sólo quedaba el “mito Ted”. Hoy un periódico habla sólo de un “accidente” en que murió la que fuera secretaria de su hermano Bobby, que murió un año antes. Dicho accidente “le persiguió toda su vida política”. Nada más. Una muerte más ¿qué demonios importa? El mismo periódico, mediados los noventa, hablaba de cómo un detective que investigó el caso, siempre sostuvo el “asesinato” de un Ted cargadito de whisky, tirando el coche al lago Chappaquiddick tras algún tipo de discusión con Mary Jo Kopechne, la chica que falleció en tan extrañas circunstancias. Ella pagó, cual sacrificio maya, el precio de la rabia de otro niño mimado de la vida pública estadounidense. Al menos como homicida involuntario, más que todo porque no había dios que ocultara el hecho de salir pitando mientras el coche caía al lago, el susodicho llegó veladamente a reconocerse como tal. Una ducha, afeitarse y presentarse en una comisaría diciendo “yo conducía el coche con esa señorita” horas después, fue todo lo que hizo.
Pero manchas de sangre en la espalda, heridas no producidas por el coche, así como testimonios de un Teddy borracho –sus dos famosos hermanos ya asesinados hacían bromas en periódicos y revistas serias al respecto- nervioso, cabreado y con ganas de bronca, fue visto antes del suceso, precedido de una fiesta en la isla de dicho lago, donde se bebía de todo menos agua. Y dejando atrás tanta hipótesis, quedaba objetivamente Ted Kennedy como seguidor del clan (del lobby, habría que hablar) que acaba siendo engullido por conspiraciones con un “efecto boomerang” de lo más perfecto. Nunca consiguió llegar a donde se propuso. Nunca pasó de senador. Nunca quiso hablar del tema: un año de libertad condicional es el precio de alguien con poder ante tales más que sospechosos hechos. Y me queda la certeza más arriba indicada, de que cuando un político muere, también tiene que ser recordado por sus miserias. Siempre éstas peores que las de muchos de nosotros, pobres contribuyentes. Y la certeza de que a ellos, que juegan en ligas mayores, también les llega lo que a todos: el final.

viernes, 7 de agosto de 2009

Regreso maldito.


Please dont’t stop me”: suena Bruce Springsteen más rockanrolero que nunca. Y pienso en la luz dejada atrás: hoy es luna llena y no hay dios que la vea. Ayer, iluminaba una ciudad más amable, más grande y más contaminada lumínicamente en que se veía cómo dicho astro bañaba de luz más que cualquier artilugio humano. Ayer estaba en mi (nuestra) pequeña porción de irrealidad: las vacaciones. Las últimas fueron inmejorables: el paro forzoso y la muerte de mi nunca olvidado padre. Antes una grave enfermedad de quien suscribe y que deja un reguero de pastillas y limitaciones que debe (deberá) respetar uno. La vida es sueño, dijeron no pocos estoicos, nada más. Algo de razón hay en ello. Pero regreso y la maldita ciudad que me asfixia por su mojigatería, falta de imaginación y por su clima, me recibe: ella es la realidad. Una verdadera perra rabiosa y repelente.


Y Springsteen me recuerda que no quiero, por favor, no quiero más puñaladas por el momento. Por favor realidad, no me apuñales al menos por un momento. Mas no crea la realidad que la temo, por mucho que se transforme en un State Trooper, queriendo pedirme papeles en mi carretera. Un año y medio que regalaría únicamente al más corrupto de los políticos es más que suficiente como para saber cuál es su jodido juego: pero sé más. Nadie, ningún sabio, supo sobrepasarla. Tal vez estudiarla, como pretendiera Freud: cuanto más apegado está uno a la realidad más feliz es. O infeliz. Pero un materialista como quien les escribe es feliz apegado a tan ingrata dama que también quema como nadie. Pero vuelvo de tierras más benévolas. Y ahora llueve. Aquí la realidad me devuelve con un tortazo la insolencia de disfrutar mi interrupción anual –que afortunadamente poseo todavía- en forma de fresco y nubes cargadas de tristeza lamiendo cimas de montañas cercanas. Mas repito, no se vaya a creer tan repugnante señora que uno se queda cruzado de brazos.


Tengo tras de mí a todo un ejército de helenos sedientos de sangre y que saben de qué demonios hablo: ”(…)no ha criado la tierra animal más endeble que el hombre entre cuantos respiran sobre la tierra y se mueven” dice un corajudo Odiseo ante Antinoo y Anfínomo que rebuznan un “¡Salve, padre extranjero! Sé un hombre feliz desde ahora, ya que tanto hasta hoy te abrumaron tus muchas miserias”. Frase que cualquier dogmático con aviesas intenciones pudiera emplear contra mí.


Pero Odiseo (Ulises) no era únicamente inteligente, además era valiente cuándo y cómo un heleno sabe serlo: “No imagina [el hombre] que habrá de sufrir infortunios en tanto las deidades le otorgan la dicha y sus piernas se mueven. Pero cuando los dioses dichosos le dan la desgracia, quiera o no, la soporta con un corazón resignado”.


Resignado pero valiente, quieran o no las deidades. Hagamos del regreso nuestra particular odisea: sean la inteligencia, el valor anímico y físico los que rijan nuestros pasos en adelante. La vida es una aventura. Para quien así no lo vea, sépase un muerto en vida.


Imagen: El cantante que por mi mala testa en los años más punk/skin no me atrajo. Ahora no sólo me gusta, es que me recuerda siempre a mi buen compañero durante década y media en una fábrica y amigo Ricardo Lecumberri. Siempre escuchar a uno es escuchar al otro...